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Mejorando el acceso de los refugiados a la electricidad con energías renovables


Con 65,6 millones de personas en todo el mundo, la población desplazada por la fuerza sigue superándose cada día. A medida que estas personas huyen de los conflictos dejando de lado su hogar, se enfrentan a duras condiciones dentro de su propio país o internacionalmente. Se calcula que el 90% de las personas en los campos de refugiados carecen de electricidad. Un problema que debe abordarse para proporcionar acceso a la energía a los refugiados. Y en este ámbito, las renovables tienen mucho que decir.

El mes pasado, se encargó una planta solar de 2 MW para el campo de refugiados de Azraq en Jordania. La planta, financiada por la Fundación IKEA, proporcionará energía gratuita a los refugiados sirios que huyen de la brutal guerra civil. Un proyecto similar está en marcha para llevarse a cabo en el campo de refugiados de Zaatari, el mayor de Jordania.

"En Siria, estábamos acostumbrados a un estilo de vida particular, y luego nos separamos de él cuando nos convertimos en refugiados", dijo Fátima, madre soltera de 52 años de la zona rural de Damasco. "Para alguien que está acostumbrado a tener electricidad, no puedes imaginar lo difícil que es vivir sin ella".

"Antes de la instalación de la planta solar, cuando cocinábamos, teníamos que tirar las sobras porque no había manera segura de almacenar la comida", explicó Fátima. "Cuando no soportábamos el calor, teníamos que echar agua sobre nuestra ropa para mantenernos frescos. Ahora podemos escuchar música o tomar un vaso de agua fría, y nuestro día no acaba cuando se pone el sol".

La iniciativa Moving Energy, una colaboración que busca satisfacer las necesidades energéticas de los refugiados y desplazados internos, estima que el 90% de los refugiados en los campamentos no tienen acceso a la electricidad. De los 17 millones de refugiados en 2016 según ACNUR, el 50% vivía en alojamientos privados, el 25% en campamentos de refugiados y el 20% tenía un estado de vida desconocido.

La financiación limitada y a corto plazo sigue siendo uno de los principales desafíos que impiden el acceso a la energía en los campamentos. La falta de financiación ha estorbado en la labor del ACNUR en el suministro de energía, ya que los fondos disponibles han ido primero a necesidades médicas y alimentarias más inmediatas. Es difícil proveer de acceso a la electricidad cuando la financiación es poca e incierta y hay otras necesidades aún más básicas que abastecer.

Los gobiernos, en vez de fomentar la construcción, toman la opción políticamente conveniente de tratar a los campamentos como temporales, pasando por alto la realidad de que el refugiado promedio pasa 17 años en un campamento.

Casi el 85% de los 24 campos de refugiados administrados por el ACNUR utilizan generadores diésel para satisfacer algunas o todas sus necesidades de energía a nivel administrativo. Dado el alto costo del diésel, muchos campamentos podrían utilizar el almacenamiento solar y de baterías para reducir los costes de energía de sus operaciones administrativas.


Owen Grafham, Gerente de Proyecto en Chatham House, informó: "Pronto comenzamos un proyecto para cambiar las clínicas de salud que sirven a los refugiados y la comunidad pasando del diésel a la energía solar. Esto demostrará que las tecnologías de energía renovable pueden ahorrar dinero que puede ser reinvertido en otros servicios vitales".

Para los refugiados que viven en los campamentos, la introducción de cocinas eficientes y linternas solares también mejorará su salud y seguridad. Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que unas 20.000 personas desplazadas por la fuerza mueren prematuramente cada año como resultado de la contaminación causada por hacer fuego en interiores. 

Estas cocinas requieren la recolección de menos leña, realizada principalmente por mujeres. Un estudio realizado por Médecins Sans Frontières, una organización humanitaria internacional, encontró que durante un período de cinco meses en Sudán, 500 mujeres y niñas desplazadas de Darfuri fueron violadas mientras recogían leña y agua. La iluminación solar en los campamentos de refugiados también puede mejorar la seguridad y los estilos de vida, ya que muchas familias de refugiados deciden quedarse en sus tiendas cuando la oscuridad se asienta.

Los refugiados no pueden trabajar legalmente en la mayoría de los países, lo que a menudo resulta en un mercado negro de trabajo donde se les paga sustancialmente menos que los ciudadanos. La falta de derechos legales y la imposibilidad de trabajar disminuye sus ingresos, lo que dificulta aún más el acceso a los servicios energéticos avanzados.

Las energías renovables tienen la oportunidad de poner su granito de arena.

Fuente | pv magazine

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