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Los proyectos comunitarios ganan el 93% de la subasta eólica alemana. En España, ausentes


Las subastas se están erigiendo como el mejor método para conseguir precios más competitivos para la instalación de energías renovables. El pasado mes de mayo se adjudicaron en Alemania un total de 70 parques eólicos con una potencia de 807 MW, en la que ha sido la primera subasta del país exclusiva para proyectos eólicos.

El precio promedio de adjudicación se quedó en 57 euros MWh, por encima de los 42 euros MWh con los que se cerró la subasta española, siendo además la potencia total adjudicada de 3.000 MW. Unos sorprendentes 15 euros de diferencia.

Sin embargo, una de las cosas que más llaman la atención de la subasta alemana no es el precio, sino los adjudicatarios de la propia subasta. Y es que los proyectos comunitarios, en los que la propiedad de los parques es de los ciudadanos, han ganado el 93% de la potencia licitada. Esto quiere decir que empresas o cooperativas impulsadas por ciudadanos serán las que instalen esta potencia eólica, en lugar de las tradicionales grandes empresas. Un modelo de negocio que lleva varios años siendo impulsado por Alemania.

Mientras tanto, en España hemos visto como la inmensa mayoría de los megavatios han sido adjudicados a empresas potentes o otras no tan potentes pero que van de la mano de grandes multinacionales. Los proyectos comunitarios o de cooperativas se han quedado fuera, principalmente por los grandes avales necesarios para poder presentarse, de 60.000 euros el megavatios hora.

El motivo de este aval es evitar la especulación y que las empresas tiren por los suelos los precios aunque después no vayan a construirse. De esta forma, poniendo un aval potentes el estado se asegura que esas empresas no van a renunciar a la instalación para no perder una buena cantidad de dinero. En nuestro país hemos visto como cooperativas como Som Energia han renunciado a participar en esta subasta por sus difíciles condiciones.

De esta forma Alemania ha demostrado que es posible realizar subasta que consigan precios competitivos y que se puedan compatibilizar con proyectos comunitarios que estén en manos de la ciudadanía. Una forma de democratizar la energía y permitir que la sociedad se involucre en la transición energética.

¿Veremos algún cambio de cara a la próxima subasta? Todo apunta a que no.

Fuente | GTM

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